Hay días en los que extraño algunas cosas que entiendo forman parte de mi esencia. La excentricidad y el maximalismo al vestirme son algunas de ellas. Por otra parte, mi vida actual es mucho más relajada y sin la apariencia física como eje central de mi vida, mi mente ha sufrido una reestructuración de pensamiento.
En ocasiones, suelo mirar fotos viejas en el carrete de mi teléfono celular y me pregunto a mí misma: ¿Dónde está esta mujer de la foto? Mientras el Espíritu Santo me redarguye y con su susurro de amor me pregunta: ¿Por qué te añoras en el pasado?
Ayer, compartí en mis redes una de esas fotos y el Espíritu Santo estuvo todo el día recordándome lo que había detrás de aquella hermosa foto. Aquella hermosa mujer, estaba totalmente rota con un trauma de abandono sin resolver, aquella hermosa mujer esta presa del alcoholismo, aquella hermosa mujer había perdido su autoestima, su dignidad e identidad, aquella hermosa mujer estaba atada en el pecado sexual, aquella hermosa mujer vivía tratando de que algún hombre decidiera que ella era suficiente, aquella hermosa mujer había perdido el sentido al único que rol que realmente importaba: Ser Mamá!!
La tristeza me embargó con cada mensaje que recibí por aquella hermosa foto. Claro está, la mayoría de las personas desconocen la realidad que yo vivía. Detrás de un mundo de apariencias e infinitas risas, solo había un corazón destrozado.
En la madrugada de hoy, el Espíritu Santo me llevó a reflexionar sobre el pasado para recordarme lo que, por su gracia, Jesucristo me devolvió. Tal vez, en mis fotos recientes no veo la mujer de apariencia impecable, zapatos extravagantes y sonrisa alborotada. Pero abrazando todas mis realidades, soy consciente del lugar del que Jesucristo me rescató. Ya, en escasas ocasiones utilizo labial rojo cuando dos brochazos de rubor y un poco de máscara de ojos le aplico a mis pestañas, pues mi piel madura no resiste el maquillaje pesado y peor aún, mi imagen en el espejo al hacerlo no me satisface.
Ahora, muy consciente de mis errores, me aferro todos los días a la nueva identidad que me otorgó la sangre de Jesucristo. Manejar la culpa y la vergüenza fue un ejercicio que tuve que practicar algún tiempo y que, en ocasiones, vuelvo a implementar cuando el enemigo pone dudas en mi corazón. Ahora puedo vivir en plenitud pues tengo un corazón restaurado que ha decidido perdonar a aquellos que no pudieron amarme de la forma en que yo esperaba, un corazón que ha tenido la capacidad de perdonarse por haber lastimado a aquellos que debía amar y proteger por elección e instinto. Desde este nuevo lugar puedo mirar atrás y agradecer con lágrimas en los ojos la misericordia que Dios ha tenido conmigo.
Puedo hablar de restauración porque Dios no solo me devolvió mi autoestima e identidad, sino que a través de los procesos más dolorosos por los que he pasado, Él ha restaurado la confianza en mí misma para lograr cosas cuando camino en fe. Ya no siento la necesidad de impresionar al hombre en el plano terrenal, mi corazón únicamente desea impresionar a Dios y aunque siempre seré un siervo inútil, mientras viva estaré agradecida por el sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario y viviré para proclamar la plenitud que es posible vivir cuando caminamos con Jesús.
Puede ser que mis fotos actuales ya no reflejen la sensualidad del pasado, porque ahora deseo honrar al Espíritu Santo y reflejar el amor de Cristo en cada cosa que decido hacer. Le he pedido perdón al Espíritu Santo por añorarme en el pasado, cuando Jehová se ha compadecido de mí, me ha dado un nuevo nombre: Ruhama, esto es compadecida!!
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